Creo que hace tanto tiempo que quería que esta etapa acabara que no me he dado cuenta de nada. Después de cuatro años estudiando para el futuro llega el abismo.
¿Y ahora qué? ¿Qué se supone que tengo que hacer con mi vida?
Podría poner en práctica todo aquello que no me han enseñado y que he aprendido de manera autodidacta. Incluso podría coger la cámara y usarla como no me enseñó la profesora de segundo de carrera; la utilizaré como me enseñó una querida amiga y fotógrafa. Quién sabe, podría también irme a otro país e intentar trabajar de lo mío con todo el vocabulario técnico que no me han enseñado.
Pero espera, quieta. ¿Qué es lo tuyo? ¿¡Qué es lo mío!?
Si no tengo ni idea ni de cómo o dónde acabar el año, ¿cómo voy a saber qué es eso tan apropiadamente apodado como lo mío? ¿Se supone que después de cuatro años aprendiendo una teoría súper importante tengo que saber pasar todo a la práctica?
Tengo veintiún años y tengo que decidir a qué me quiero dedicar el resto de mi vida en un solo verano. Sí, sin duda podría ser el título de todo esto. Y no nos mintamos, lo llamo esto porque tampoco es posible saber qué coño será.
¿Cómo voy a saber qué quiero hacer con mi vida? ¡Venga, tu vida acaba de empezar!
Es posible decir que aún soy una cría. Pero atentos, ahora viene el paso a la genialísima vida adulta. Tengo unas ganas locas de empezar, nótese el sarcasmo, por favor.
Siguiendo con mis veintiún cortos años, ¿cómo voy a saber qué quiero? Ni mi madre supo qué quería hacer con su profesión hasta hace poco más de un año...
¿Cómo voy a cargar con una decisión así si no he vivido nada aún? Supongo que la elección fácil y correcta (llamémosla así porque es lo que no han hecho creer) es ir directa a una escuela privada para dejarte el riñón, el ojo, el hígado y medio cuerpo más al pagar lo que piden por un curso.
¡No! Si no te has marchado ya, espera. Ahora viene la decisión difícil y un poco el porqué de todo esto.
Es hora de perseguir los sueños. Es más duro que verlos mientras dormimos pero creo que merecerá más la pena, eso me han dicho.
En fin, podemos decir que tengo veintiún años y que aún no tengo ni idea de qué hacer con el resto de mi vida.
Pero eh, ¡tengo una carrera!