jueves, 24 de noviembre de 2016

Espero que no sea posible.

¿Es posible que el amor se acabe?
Últimamente siento que nada está bien en mi vida. Siento que las cosas no funcionan, he dejado de tener esperanza por aquello que siempre me hizo querer soñar.
Y es horrible, cuando pierdes la esperanza parece que algo dentro de ti se rasga, se rompe. Cuando dejas de sentirlo parece que el mundo es solo un zumbido y que tú estás ciego. Solo escuchas el ruido que los demás provocan y tú ni si quiera sabes qué está a tu lado. Ya no hay nada que te llegue a importar, has visto cómo la pasión se esfuma, cómo las peleas superan a los besos y cómo las sonrisas se quedan escondidas tras los gritos.
Supongo que el amor es tan solo una alteración química del cerebro que dura unos dos o tres años, lo demás son costumbres bañadas de espejismos de amor y pasión.
El amor se puede acabar, y con ello llega el ruido y la ceguera. Como si tuvieras un pañuelo en los ojos que no te dejase ver más que un borrón.
¿Es posible que el amor se recupere?
Ahí dejo mi última línea de esperanza, junto con mi corazón hecho pedazos.

jueves, 13 de octubre de 2016

Entre las ramas de la vida.

Me encanta pensar en la gente como si fueran pájaros. ¿Has experimentado alguna vez la sensación de abandono que se queda cuando alguien se va de tu vida?
Para mí, ahora mismo, es todo cosa de árboles y pájaros. Cada uno de nosotros tiene un árbol propio, el cual representa nuestra vida. Cada rama muestra las deciciones, los errores, los problemas, las soluciones...

Aquí es donde entran los pájaros. Hay diferentes especies, tantas como tipos de personas pueden pasar por tu lado:
Hay una especie que nunca se moverá de las ramas de tu árbol, siempre a tu lado. En ningún momento echará a volar para cobijarse entre las ramas de la vida de otras personas. Esas personas (o pájaros) son las que te van a acompañar en todo momento.
La segunda especie puede pasarse años viviendo en tu árbol, aunque poco a poco, cada vez, va alejándose por las ramas hasta echar el vuelo; representa a las personas que se van de tu vida por circunstancias, tú no los has echado, ellos no se han querido ir, solamente ha pasado.
En cuanto al tercer tipo, las aves migratorias, son aquellas que dependiendo de la estación están en tu árbol o en el de otra persona. Pueden ser personas interesadas o simplemente gente que está lejos y que ves unos pocos meses al año.
Para acabar, los pájaros que van de paso. Aquellos que se quedan un corto periodo de tiempo, más o menos intenso, pero al final echan a volar.

Todos hemos tenido pájaros así en nuestro árbol, de todos los tipos anteriores pero, lo mejor de todo, es que, sin duda, todos hemos sido cada una de esas especies en árboles ajenos.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

De cuando necesito desatar el nudo y decir qué siento.

Siento un nudo en el pecho.
No puedo respirar bien, las lágrimas recorren mis mejillas.
Dibujándose como ríos en un mapa.
No lo entenderás, pero es así.
Tu aprobación, tu cariño, tus abrazos han sido lo que siempre he querido.
Tu sonrisa. Tu orgullo hacia mí.

Siento un nudo en el pecho.
No puedo respirar bien, las lágrimas recorren mis mejillas.
Cada día que pasa me empieza a importar menos.
Pero aún duele.
Cada día espero un abrazo, un beso.
El amor no se compra con dinero.
El amor se gana con esfuerzo.

Siento un nudo en el pecho.
No puedo respirar bien, las lágrimas recorren mis mejillas.
Quizá es que nunca he podido ganarme tu amor.
Quizá es que nunca seré quien quieres que sea.
Quizá es que no puedo ser perfecta.

Siento un nudo en el pecho.
No puedo respirar bien, las lágrimas recorren mis mejillas.

No es un poema,
y mucho menos habla de amor.

lunes, 15 de agosto de 2016

Tengo varias heroínas en mi vida.

Llevo mucho tiempo pensando en esta entrada. Ayer, después de mantener una conversación dolorosa (más para la otra persona que para mí), me decidí a escribir.
Últimamente me he dado cuenta de que tengo varias heroínas en mi vida. Hablemos de cada una de ellas, para mantener el anonimato y para que sea más fácil sentirse identificada con alguna de ellas les pondré números.

Heroína número uno. No es la fuente de inspiración de esta historia pero sí ha sido la voz decisiva para ponerme a escribirlo. Esta mujer para mí se merece este título por la fuerza y la madurez que tiene. Sus palabras, sus actos, sus ideales... Para mí es alguien especial. He visto como ha crecido y cómo ha vivido, cosas buenas y cosas no tan buenas. Sé que es una heroína porque a veces ha tenido que tomar decisiones que nadie querría tomar y, sobre todo, porque es la mujer más valiente que conozco. Ella sigue adelante, tirando de sí misma y de su vida pase lo que pase.

Heroína número dos. Ella sí que ha sido la fuente de inspiración para esta entrada en un blog desierto. Es una mujer fuerte y valiente. Lo que le hace ser una de mis heroínas es la manera en la que supera las situaciones. Puede llorar, pero hace siempre lo que debe hacer. Es posible que a veces necesite aprender que tiene que hacer lo que ella quiera y no lo que deba, pero las heroínas son heroínas porque tienen fallos. Esa es su belleza; tienen cosas buenas y cosas malas, pero todas juntas les hacen ser quien son.

Heroína número tres. Creo que esta mujer se ha convertido en mi heroína desde el momento en que la conocí. Una mujer que deja su casa para estudiar lo que quiere y para seguir un amor, una mujer que después de perder muchas cosas ha sabido ganar en todas esas restas. Lo ha pasado mal pero al final del túnel siempre ha visto luz. Además, creo que ha sido una de las personas que más me ha enseñado sobre la vida y sobre mí; esto es lo que le hace ser una de las heroínas de mi vida.

Heroína número cuatro. Ella, al igual que las otras tres, es una de las heroínas de mi vida; siempre lo ha sido. En los últimos meses creo que este hecho se ha recalcado. Me ha demostrado que es una mujer fuerte que puede superar el dolor y que puede salir de casa siempre que quiera. Me ha enseñado que las perdidas nunca se olvidan pero que hay que pensar más en ti que en la gente que se ha ido.

Si no te sientes identificada con ninguna de mis heroínas, tranquila. Tu también eres una heroína. Aquí solo quería hablar de las cuatro mujeres que han cambiado mi vida mínima o máximamente con sus vivencias.

lunes, 4 de julio de 2016

Pero eh, ¡tengo una carrera!

Creo que hace tanto tiempo que quería que esta etapa acabara que no me he dado cuenta de nada. Después de cuatro años estudiando para el futuro llega el abismo.
¿Y ahora qué? ¿Qué se supone que tengo que  hacer con mi vida?
Podría poner en práctica todo aquello que no me han enseñado y que he aprendido de manera autodidacta. Incluso podría coger la cámara y usarla como no me enseñó la profesora de segundo de carrera; la utilizaré como me enseñó una querida amiga y fotógrafa. Quién sabe, podría también irme a otro país e intentar trabajar de lo mío con todo el vocabulario técnico que no me han enseñado.
Pero espera, quieta. ¿Qué es lo tuyo? ¿¡Qué es lo mío!?
Si no tengo ni idea ni de cómo o dónde acabar el año, ¿cómo voy a saber qué es eso tan apropiadamente apodado como lo mío? ¿Se supone que después de cuatro años aprendiendo una teoría súper importante tengo que saber pasar todo a la práctica?
Tengo veintiún años y tengo que decidir a qué me quiero dedicar el resto de mi vida en un solo verano. Sí, sin duda podría ser el título de todo esto. Y no nos mintamos, lo llamo esto porque tampoco es posible saber qué coño será.
¿Cómo voy a saber qué quiero hacer con mi vida? ¡Venga, tu vida acaba de empezar!
Es posible decir que aún soy una cría. Pero atentos, ahora viene el paso a la genialísima vida adulta. Tengo unas ganas locas de empezar, nótese el sarcasmo, por favor.
Siguiendo con mis veintiún cortos años, ¿cómo voy a saber qué quiero? Ni mi madre supo qué quería hacer con su profesión hasta hace poco más de un año...
¿Cómo voy a cargar con una decisión así si no he vivido nada aún? Supongo que la elección fácil y correcta (llamémosla así porque es lo que no han hecho creer) es ir directa a una escuela privada para dejarte el riñón, el ojo, el hígado y medio cuerpo más al pagar lo que piden por un curso.
¡No! Si no te has marchado ya, espera. Ahora viene la decisión difícil y un poco el porqué de todo esto. 
Es hora de perseguir los sueños. Es más duro que verlos mientras dormimos pero creo que merecerá más la pena, eso me han dicho.
En fin, podemos decir que tengo veintiún años y que aún no tengo ni idea de qué hacer con el resto de mi vida.
Pero eh, ¡tengo una carrera!